En Barcelona, la realidad del sinhogarismo sigue siendo una cuestión urgente. Según el último recuento de la Fundación Arrels (12/2025), 1.982 personas sin hogar pernoctan actualmente en la calle, un preocupante aumento del 43,2% respecto a los datos de 2023. Detrás de esta cifra hay historias de vulnerabilidad, soledad y también de resistencia, que interpelan directamente a nuestra responsabilidad colectiva como sociedad.

En este contexto, la Campaña de Reyes volvió a convertirse en un gesto concreto de solidaridad y encuentro. El pasado 6 de enero, un total de 36 voluntarios —24 estudiantes de la escuela y 12 voluntarios externos— se organizaron para repartir 90 bolsas de comida en 14 zonas de la ciudad. Cada bolsa incluía dos bocadillos, dulces, fruta, zumo, conservas, un caldo caliente para aliviar el frío, una postal artesanal con mensajes de cariño, ropa de abrigo y una hoja informativa de los recursos sociales disponibles en Barcelona.
Gracias a todas las aportaciones recibidas, se lograron recaudar 438 euros que se destinaron a la compra de alimentos y calcetines térmicos, un pequeño detalle que, durante los meses de invierno, puede ofrecer un alivio frente al frío.

Más allá del reparto material, la jornada fue también un espacio de presencia y humanidad compartida. Un tiempo para tomar conciencia, escuchar y acompañar. Para recordar que el sinhogarismo no es una elección individual, sino una realidad compleja en la que confluyen factores estructurales, institucionales y personales, y que exige respuestas colectivas basadas en la dignidad, el respeto y el cuidado.

En el cierre de la jornada escuchamos juntos la canción Yo vengo a ofrecer mi corazón, creando un momento de recogimiento y conexión entre las personas participantes. Acciones como esta nos recuerdan que la solidaridad no solo transforma la realidad de quienes viven en situación de vulnerabilidad, sino también la de quienes deciden implicarse. A veces, ofrecer un caldo caliente, una conversación o una mirada sincera es una forma poderosa de ofrecer el corazón. Porque, al final:
El amor siempre es la respuesta.